La Danza del Diablo en Tijarafe

Tiene lugar en las Fiestas de Candelaria en Tijarafe, en Septiembre.

La Danza del  Diablo de Tijarafe  es una exhibición singular con un importante poder de convocatoria, que atrae por igual a sus vecinos y a sus visitantes.

La Plaza bulle de excitación la madrugada del siete al ocho de septiembre. Los gigantes y cabezudos marcan la cuenta atrás definitiva con su salida a escena. La música cambia de repente y la gente comienza a alborotarse al son del ¡tiritiriti tiritiritii que el Diablo va a salir! Ciertamente, la gracia del espectáculo consiste en que nadie que baila en la plaza al son de la música sabe por dónde va a entrar el Diablo.

La historia del Diablo

El primer Diablo se construyó dentro de una cueva. Consistía en un armazón de cañas, forrado de sacos endurecidos con lechadas de cal para evitar que ardieran. La cabeza era una lata de caramelos y se decoraba de forma grotesca con papeles y telas viejas de colores. Se minaba con voladores sin rabo y mechas de barreno y se pintaba de negro con hollín. El público que lo disfrutó no pasaría de uno o dos centenares de personas y, a buen seguro, no estaba destinado a perdurar. Pero tuvo éxito y continuó haciéndose, con breves paréntesis, de generación en generación.

El Diablo fue uno de los más ilustres beneficiarios del cambio económico que transformó Tijarafe durante el siglo XX. La disponibilidad de dinero se tradujo, paulatinamente, en una pirotecnia más vistosa y segura, y en un armazón realizado con materiales más firmes y duraderos. Asimismo, la verbena en la que sale el Diablo fue contando con las orquestas de moda en la isla y, en torno suyo, se fue incrementando el programa de las fiestas patronales de septiembre con nuevos actos de cada vez mayor calidad. Por el escenario de la plaza de Candelaria llegaron a pasar Doña Valentina, Carlos Mejías Godoy y Los Palakauines, o María Dolores Pradera.

Con el atractivo que iba adquiriendo la fiesta (también con la fama de peligro que rodeaba al Diablo), fue incrementándose la cantidad de público asistente. Primero fueron los romeros que volvían de Puntagorda, quienes amenazaban con marcharse si no había Diablo, en aquellos años en los que no era una certeza su salida. Ellos fueron los primeros difusores masivos de la fiesta en el exterior. Luego la carretera hizo el resto. La generalización del vehículo particular y la disponibilidad de transporte público facilitó la asistencia de público de toda La Palma y la noche del Diablo se convirtió, de hecho, en una especie de fiesta insular. La presencia en los medios de comunicación, locales, nacionales e internacionales atrajo a visitantes de todas las partes del mundo, hasta el punto de que en la actualidad se cuentan por millares.

El Diablo es, pues, un embajador de Tijarafe fuera del municipio y, como tal, uno de sus símbolos más señeros.

Declarado Bien de Interés Cultural en categoría de actividad tradicional.

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